Mitos sobre el entrenamiento del sueño infantil

A lo largo de mi trabajo con las familias como coach de sueño infantil, me encuentro que existen algunos mitos muy arraigados que nos impiden ver el sueño como algo esencial en nuestro día a día. Esto incluso se hace más evidente cuando nos convertirnos en madres y padres.

No es cuando ya estamos en el límite de no poder levantar ni una ceja cuando nos preguntamos: ¿podremos dormir algún día? ¿Será que es malo dejarle llorar? ¿Le puedo enseñar a dormir?

Es aquí cuando nos hablan o leemos la frases «entrenamiento del sueño» o «educación del sueño» y lo primero que se nos viene a la mente es la imagen de un bebé llorando toda la noche sin poder atenderle. Esto no es realmente del todo cierto ya que cuando un bebé o niño aprende a dormir es porque ha logrado dormir de forma independiente, y existen muchas maneras de hacerlo sin que llorar sea un impedimento para que todos en casa obtengan un sueño restaurador y reparador.

La frase «dormir independientemente» es otra que se critica porque se cree que el niño estará solo en una habitación. Más bien, el dormir de forma independiente es poder conciliar el sueño de manera natural por uno mismo, sin ninguna ayuda externa, e imitar estos mismos pasos cuando se tiene un micro-despertar.

El objetivo principal que siempre tengo en mente como asesora de sueño es enseñar los beneficios y la importancia de dormir saludablemente: una vez que la familia comprenda esto, es cuando el camino de aprendizaje hacia un descanso saludable llega en un abrir y cerrar de ojos. Así que veamos los 4 mitos principales sobre el entrenamiento del sueño.

 

Mito nº1:

Entrenar el sueño es abandonarle y dejarle llorar

Antes de hablar, los niños se comunican a través del llanto, sin embargo educar el sueño de un bebé no es simplemente dejarle llorar. Así como hay dietas para cada persona, también existen muchas maneras de educar el sueño que se adaptan a lo que cada familia necesita y desea practicar. Los padres pueden elegir desde estar presentes en todo momento a intervenir cada vez menos, o a no estar presentes del todo. Pero para ello la consultora del sueño o sleep coach hace una evaluación exhaustiva para ver lo que realmente necesita el niño y desea la familia.

Si bien es cierto que durante cada proceso de educación del sueño es imposible no tener lágrimas, como les mencioné anteriormente, llorar, protestar, enfadarse, son algunas de la emociones que expresa un niño cuando se le cambia su rutina o aprende alguna nueva habilidad. Estas emociones no son nada malo y más bien son de esperar, pero es aquí cuando los padres pueden hacer de esa respuesta sea la más certera para que el niño comprenda lo que se le está enseñando, que se sienta apoyado, y animado a intentarlo de nuevo, para que el llanto no sea la única manera en que el niño logre dormirse. Los niños aprenden muy rápido; mi sugerencia es que hay que darles la oportunidad de intentarlo cada vez más, siempre ofreciendo ese momento en el que se duerman independientemente. Alcanzado este éxito, no solo es para los padres sino para que el niño se sienta capaz de dormir y dar más de sí.

 

Mito nº2:

Es un hecho que el primer año de vida los bebés duermen poco

Este es quizá uno de los primeros comentarios que los padres reciben de su entorno familiar y social cuando esperan un bebé: «¡Prepárate para no dormir!». Sin embargo, los bebés sanos de más de 4 meses duermen a menudo más de 14 horas en un periodo de 24 horas. Esto significa que si tomamos esas horas como promedio, en sus primeros 12 meses de vida pueden llegar a dormir hasta 196 días. Parece mucho, pero es que es lo que necesita todo bebé para su óptimo desarrollo.

Me gusta hacer la comparación entre dormir y comer sano como lo hace el pediatra Mark Weissbluth en su libro Healthy Sleep Habits, Happy Child. Al igual que los alimentos aportan muchos nutrientes indispensables para el cuerpo, el sueño también aporta energía y alimento, especialmente para el cerebro. Esto no significa que comer mal de vez en cuando nos haga daño, como dormir mal en algunos momentos, pero lo que sí afectará la salud y crecimiento de un niño es dormir poco y mal por mucho tiempo.

 

Mito nº3:

Si se salta la siesta, dormirá más por la noche

Otra variante de este mito es «cuanto más tarde lo acueste, más tarde se levantará por la mañana». Esto no es cierto por la sencilla razón de que cuanto más cansado se encuentre vuestro hijo a la hora de ir a dormir, más le costará relajarse. Del mismo modo, más difícil será que permanezca dormido.

Por otro lado, como saben si son lectores de este blog, la rutina es nuestra gran aliada en el entrenamiento del sueño del bebé. Si con frecuencia no respetamos sus horarios, el niño vive en una incertidumbre que le impide responder favorablemente.

 

Mito nº4:

Si pasan por una regresión, ya no se puede remediar

En ocasiones, después de haber adquirido unos hábitos de sueño saludables, algunos bebés de forma repentina encadenan varias noches con frecuentes despertares.

El término que describe esta situación es «regresión del sueño» y forman parte del desarrollo normal del bebé. De acuerdo con Kim West, consultora del sueño infantil, estos episodios duran entre 2 y 6 semanas.

Si estos despertares nocturnos duran más, es posible que se trate de otro tipo de problema y se recomienda consultar con un coach del sueño infantil para que pueda valorar cada caso de forma particular, y dar las recomendaciones que os ayuden a dormir sonriendo 🙂

Dormir bien no tiene por qué seguir esperando, explora todas las opciones y si quieres saber más sobre los beneficios de ir normalizando el sueño en vuestra familia…

¡No dudes en contactar conmigo!

 

 

 

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