Regresión del sueño: ¿mito o realidad?

Seguramente has escuchado hablar de la “regresión del sueño”. Es un término muy extendido, pero conviene mirarlo con un poco de perspectiva. El sueño es una necesidad biológica, al igual que comer o respirar. Cuando un bebé ha aprendido a descansar de forma adecuada según sus necesidades, no suele “desaprenderlo” sin una razón de peso.

Entonces, ¿qué está pasando cuando el sueño se altera? En muchos casos, no se trata de una regresión como tal, sino de otros factores que pueden estar influyendo: desde una enfermedad hasta cambios en el desarrollo.

A menudo, hablar de “regresión” nos lleva a esperar a que al bebé se le pase, en lugar de observar qué necesita realmente y proporcionárselo. Y, sin darnos cuenta, vamos posponiendo el objetivo de un descanso completo, algo que sí trabajamos activamente en otros ámbitos como la alimentación.

Lo que sí forma parte natural del crecimiento son las transiciones: aprender a gatear, sentarse, caminar o incluso la salida de los dientes. Estos momentos pueden afectar al sueño, pero no lo hacen de la misma manera en todos los bebés. Aquellos que ya tienen un sueño más autónomo suelen adaptarse mejor, mientras que los que dependen de ayuda externa pueden notar más estos cambios.

Aspectos clave a tener en cuenta

Por eso, más que pensar en regresiones, puede ser útil hacerse algunas preguntas: 

  • ¿Mi bebé se duerme por sí mismo y sin ayuda ni acompañamiento?
  • ¿Se despierta durante la noche o en la siesta, pero se vuelve a dormir por sí mismo?
  • ¿Los horarios son los adecuados?
  • ¿La rutina de sueño es la correcta?
  • ¿La alimentación está organizada de manera que no interfiere con el sueño nocturno o las siestas?
  • ¿Se le permite practicar sus nuevas habilidades durante el día?
  • ¿Las siestas son suficientes para lo que necesita a esa edad?
  • ¿Se despierta tranquilo por la mañana y después de las siestas?
  • ¿Se siente a gusto y seguro en su cuna?
  • ¿Se le mantiene un mismo lugar de dormir por la noche y para las siestas?
  • ¿Está sano y va prosperando como se espera?

Si la respuesta es “no” a muchas de estas preguntas entonces hay que evaluar más a fondo y yo podría ayudarte desde Duerme Sonriendo.

Cuando estas bases están cubiertas, el sueño suele mantenerse más estable. Incluso en etapas como los 4, 8, 12 o 18 meses, muchos bebés pueden dormir toda la noche y, si se despiertan, volver a dormirse solos, siempre que estén bien y no haya otras necesidades que atender.

Dormir bien no es cuestión de suerte, es un proceso que se aprende y se acompaña.

 

#dormirsaludablemente 🙂

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